
Un remanso del Guadalquivir
Charco del Aceite y Mermecino
Agua cristalina, sombra de pinos y senderos de ribera en uno de los rincones más queridos de la Sierra de Las Villas.
01
Un rincón que parece sacado de un cuento
Muy cerca del corazón del Guadalquivir, escondido entre montañas y pinares, un pequeño remanso de agua tranquila invita a refrescarse en verano y a escuchar el río durante todo el año.
Mesas de piedra, bancos de madera y un kiosco-bar permiten pasar el día sin prisas. Las laderas cubiertas de pinos descienden hasta abrazar el cauce y convierten cada rincón en un mirador natural.
02
Fauna, roca y una leyenda dorada
En sus aguas viven truchas, barbos y bogas; con paciencia también puede aparecer alguna nutria. Sobre las cumbres se recortan cabras montesas y el buitre leonado planea mientras el martín pescador cruza el río como una flecha.
La tradición cuenta que el nombre nació cuando un burro cargado con pellejos de aceite cayó al agua y dejó sobre la superficie el brillo dorado del oro líquido de Jaén.
03
Cómo completar la visita
A unos 200 metros río arriba se encuentra el túnel de desagüe del embalse del Tranco. Junto al kiosco nacen senderos entre adelfas, mimbreras, fresnos y durillos. Más abajo del Puente de los Agustines comienza un coto de pesca sin muerte.
Desde la N-322, toma la A-6202 hacia el embalse del Tranco. En el kilómetro 18 aparece el cruce señalizado; la carretera continúa junto al río hasta el área recreativa.
Álbum de viaje
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